viernes, 25 de marzo de 2011

Sin juicio

Sin juicio o juicios sin sentido, así fueron las dos vistas orales "a priori" más interesantes de la semana por los delitos que se imputaban a los acusados.
El primero de ellos se celebró el martes. El acusado, un hombre de 52 años residente en Tetir, Fuerteventura. Y la víctima, un joven de 27 años con una minusvalía psíquica del 69%, cuya familia asegura que su edad mental es la de un niño de 10 años.
Los hechos que se juzgaban sucedieron hace ya 7 años cuando supuestamente el procesado abusó sexualmente del joven a quien el Fiscal acusa de llevarlo a su casa aprovechándose de su amistad con el padre del joven y allí le puso películas "donde salían chicos y chicas desnudos".
La defensa negó los hechos y pidió la libre absolución del acusado que según su declaración "fueron relaciones consentidas", aunque "no completas" porque aseguró que "sólo fueron toqueteos y no hubo penetración".
La supuesta víctima y la denunciante, su hermana, tienen una versión diferente. Ellos hablan de abusos sexuales y de penetración, aunque nunca constó que hubiesen heridas anales y la misma víctima no supo definir si sintió dolor o no.
Y es que la declaración de víctima y acusado fueron interrogatorios en los que el Fiscal era quien reproducía hechos y ellos sólo sabían decir "sí" o "no". La única que tenía claro los hechos, fue quien no los presenció, la hermana que denunció el caso, pues los padres del joven, según ella "no saben nada", o yo creo que más bien será que no quieren saber nada.
Una de las líneas de la defensa es que el acusado es una persona con problemas de audición, que no sabe leer ni escribir y que por lo tanto "no entiende bien". Yo que estuve allí les digo que ese "no entiende bien" me sonó a eufemismo y lo que quería decir su abogada es que su defendido también padece una deficiencia mental aunque no esté reconocida por la Dirección General de Servicios Sociales. De hecho, al joven se le entendía mejor que a su supuesto agresor, a quien era prácticamente imposible adivinarle alguna palabra.
El Fiscal, en un momento de desesperación, recurrió a películas como "Torrente" para preguntar al acusado si hubo mansturbación, ya que no conocía esta palabra sino su expresión más vulgar.
El Ministerio Fiscal solicitó finalmente cuatro años y un día de prisión para el acusado pues dos peritos aseguraron que su nivel intelectual "aunque bajo, no conlleva retraso y es por lo tanto responsable de sus actos".
La defensa insistió en que "el acusado no fue consciente de la gravedad de su acción" y "tampoco se realizó nunca un informe médico que corroborara la agresión sexual".
Lo cierto es que a mí lo que más me extrañó es que la denunciante reclamara los 12.000 euros de la indemnización que le corresponde por los daños morales, alegando que su hermano necesita ayuda psicológica, pero hasta el día de hoy, desde el 2004, su hermano no ha recibido tratamiento de ningún experto y ¿es ahora después de siete años cuando lo necesita? un poco extraño sí que es.

El segundo juicio se celebró este viernes. La Audiencia Provincial de Las Palmas juzgó a un funcionario del Centro Penitenciario de Lanzarote por un delito de torturas. Los hechos que se le imputan tuvieron lugar hace seis años en la cárcel de Tahiche. El acusado supuestamente amenazó a uno de los internos con frases del tipo "te voy a coger en prisión y te voy a asesinar", "dónde quiera que vayas te voy a matar", "mañana por la mañana te rompo la cabeza" o "te voy a dar un palizón que vas a flipar".
Mientras esto sucedía presuntamente el interno, cumpliéndo las órdenes del acusado, sufrió una herida en el pié derecho al quedarse su miembro inferior atrapado en la cama. Sin embargo, el procesado no avisó al Jefe de Servicios del incidente y por lo tanto, retrasó la asistencia sanitaria que precisaba el recluso.
La defensa negó los hechos y solicitó la libre absolución, mientras que el Fiscal pide 4 años de prisión y 10 de inhabilitación especial para el ejercicio de empleo o cargo público. Este juicio continuará el 4 de abril con la declaración de testigos. Si finalmente en las pruebas testificales o periciales se demuestran estos hechos, el funcionario acusado podría pasar de vigilante a compañero de celda.

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